Hay días en los que una se viste con criterio, orden y disciplina. Otros como te dé la real gana.
Están los días sensatos. Miras el tiempo, lo vuelves a mirar por si ha cambiado en el espacio temporal de cinco minutos, y piensas dónde vas, y si te combinan los colores, estudias si el zapato es adecuado y consigues salir de casa convertida en una persona sensata.