Hay quien dice que mezclar estampados es arriesgado. Yo creo que arriesgado es salir de casa sin mirarte al espejo. Las rayas de cebra, las flores, los cuadros y los triángulos, los verdes y los morados, el ying y el yang, parecen no tener nada que decirse, pero se llevan estupendamente.
Si algo te da el naranja es fuerza, luz y poderío.
Hay prendas que te hacen girar la cabeza. Y luego está el naranja, que consigue que la gires aunque estuvieras muy ocupada mirando otra cosa. Te destella.
A mí me pasó con una mujer que cruzó por delante de una terraza. Llevaba una camisa naranja, unos vaqueros y esa tranquilidad de quien se ha vestido en cinco minutos.
Hay días en los que una se viste con criterio, orden y disciplina. Otros como te dé la real gana.
Están los días sensatos. Miras el tiempo, lo vuelves a mirar por si ha cambiado en el espacio temporal de cinco minutos, y piensas dónde vas, y si te combinan los colores, estudias si el zapato es adecuado y consigues salir de casa convertida en una persona sensata.
Iba a salir discreta. Lo dije en voz alta. Me lo dije, se lo dije, te lo digo… Lo decimos mucho, por si alguna vez cuela.
Pero es la manera más eficaz de provocar a mi armario. Le dices «discreta» y te contesta: «¿Con cuál de los dorados?».
Somos gamberras. Mi armario y yo. Y el vuestro. El tuyo.
NO ME ENTIENDAS, SOLO QUIÉREME
Dicen que el tie dye nació del azar. Yo creo que nació de la vida. De una mancha de lejía en tu prenda preferida, de un desteñido al sol, de un café derramado… y ya, de lo «perdío al río». El espíritu de los 70. Libertad.
A mí me pasa mucho. Veo un bolso y pienso: «Uy, esto tiene un aire a Bottega». Luego miro el precio del Bottega de verdad y se me pasa.
Con las sandalias, tres cuartos de lo mismo. Doradas, finitas, elegantes… hablan italiano perfectamente, aunque las mías seguramente no hayan salido de Italia ni de vacaciones.
Y ahí está la gracia. Y la inventiva.
Tengo tantas cosas que hacer que, de repente, no hago ninguna.
No sé si es procrastinación o una nueva forma de organización emocional. Procrastinar la procrastinación. Un sueño.
Soy «un poco así». Y, como buena «soy un poco así», tengo algunas contradicciones que no pienso resolver.
Os resumo perfectamente el relato: Vestido blanco, calor, Mediterráneo y una mujer que no piensa explicarse.